La novedad más primaria es que no
llueve, como era de esperar. Lucen días soleados y una tibia
temperatura, en verdad primaveral, envuelve el ambiente.
Bajo el puente de los Leones, levantado por los ingleses en
1888 y también llamado de los Enamorados o de la Liberación,
las aguas caudalosas del mítico Nilo fluyen mansamente para
perderse en el Delta y fundirse con las del viejo Mare
Nostrum. Más allá, en la isla de Gezira, la Torre del Cairo
se alza con sus 187 metros (47 más que la pirámide de Keops
cuya mole se divisa al suroeste en lontananza, entre la
bruma) como un auténtico faro sólidamente asentado en su
basamento de granito de Asuán, luciendo sobre la entrada el
águila de Saladino, carismático emblema de la bandera
egipcia guiando y acogiendo, bajo su figura, a la población
cairota. El viejo Cairo, cuyos más antiguos cimientos aun
anteriores a la legendaria Alejandría se remontan a la
capital Protodinástica de Menfis, embrión del Egipto
faraónico. Desde la Torre y tras vagar la vista sobre las
aguas del Nilo, que atraen los ojos como un magnético imán,
un giro de 360º nos lleva en cruzadas miradas a la densa y
fértil historia del país: de las dinastías faraónicas a
Roma, del helenismo judeocristiano al califato fatimí y la
ciudadela del kurdo Saladino, del Egipto copto (encerrado en
su recinto amurallado de Ksar El Shama, la “Babilonia de
Egipto” fundada por Roma) al moderno barrio colonial
franco-inglés, en franca y lacerante decadencia, junto a las
amplias edificaciones de la universidad norteamericana antes
de adentrarnos en la Independencia.
Les escribo casi al lado de la heroica plaza Tahrir
(Liberación), degustando una excelente cerveza local
(Stella) acompañada de una sabrosa tarta de queso y tomate
en el Café Richi, entrañable establecimiento abierto desde
1908 y que ha sido testigo de las tres revueltas modernas
que ha vivido el país: 1919 contra el colonialismo británico
(lo que no impidió que en 1914 el país se convirtiera en
Protectorado), la de los Oficiales Libres en 1952
(derrotando a la corrupta monarquía del rey Faruk) y,
finalmente, la de la Plaza Tahrir en 2011 que, tras echar a
tierra al “rais” Mubarak y ser confiscada por los Hermanos
Musulmanes, se debate entre el ser y el no ser en un azaroso
presente cargado de incertidumbre. Verdad es que estoy de
vacaciones, descansando el cuerpo y sobre todo el espíritu
alejado de abajaderos cotidianos, lo cual no obsta para que
sea sensible a la vertiginosa rapidez de los
acontecimientos, la aceleración de la historia que estamos
viviendo mientras vamos adentrándonos en un nuevo paradigma.
Ayer viernes y contra todo pronóstico, la plaza Tahrir se
vio libre de multitudinarias manifestaciones pero ahora
mismo (son las 12.37 hora local) me comentan que, al menos
de cuatro importantes barriadas cairotas (Subra, Mohandesien,
Inbaba y Saieda Zeibab) saldrán sendas manifestaciones que
confluirán en el centro de la capital, tomando luego juntas
en vehículos el camino de la ciudad de El Mahala (provincia
de El Garbiaa), sita unos 130 kms. de El Cairo. Hoy sábado
es 6 de abril y en El Mahala, en 2008, tuvo lugar en este
día la primera gran huelga de los obreros de una fábrica
estatal de tejido contra la política de Mubarak. El “Grupo 6
de Abril” organiza las marchas y conmemora el aniversario,
cargando ahora contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes
que, según “cuentan” los cafés de El Cairo (termómetro del
país y corazón sociológico del mismo) no están aportando
nada, salvo más incógnitas y un larvado enfrentamiento civil
en nombre del fundamentalismo islamista. Morsi y su política
es vez más cuestionada, incluso parece ser entre los suyos,
mientras el país no acaba de salir del vicioso círculo de la
crisis económica. Una de sus principales fuentes de riqueza,
el turismo, yace herida por los sangrientos atentados del
terrorismo yihadista, una lacra ante la que nunca hay que
ceder. Primero porque los atentados no son exclusivos, en
absoluto, de Egipto; y segundo porque el país es seguro. No
es mi primera visita, ayer mismo en La Torre (un claro
objetivo) fui testigo de las amables pero prácticas medidas
de seguridad puestas en marcha por las autoridades, paseando
luego por las calles de El Cairo hasta la madrugada sin
ningún tipo de problema. O sea que ya saben, no cedan ante
el terror y, si tienen oportunidad, no dejen de visitar este
formidable y mágico país en un viaje que, créanme, no les
dejará indiferentes haciéndoles vivir, si tienen la fina
acústica espiritual para ello, un fructífero paseo
iniciático desde su interior. Egipto marca siempre, se lo
aseguro, un antes y un después. No serán los mismos, serán
mejores.
Si Roma, la Ciudad Eterna, es sin duda la capital espiritual
de Occidente, El Cairo, la “Madre del Mundo” en la más pura
tradición egipcia, es la fuente de nuestras más antiguas
creencias. ¡El Cairo!... una ciudad ordenada y a la vez
deliciosamente caótica con sus 20 millones de habitantes
(hablo del “Gran Cairo” y sus ciudades satélite), preñada de
centenares de rincones por descubrir y que ha sabido ir
reencarnándose conservando su esencia en diferentes
manifestaciones a través del proceloso Túnel del Tiempo, con
el Nilo, ¡siempre el Nilo!, fluyendo fiel a su vera. A la
imperecedera huella del monumental Egipto faraónico se
superponen, en una densa capa, la huella cristiana e
islámica rematada por el reciente pasado colonial. Tras
cuando menos una obligada visita al Museo Nacional, fundado
en 1902 y que custodia en su atrio central, entre otros
tesoros, unas estudiadas y valiosas referencias sobre
Amenhotep IV, más conocido como Ajenatón, el “faraón hereje”
y su capital de Tell El Amarna, se imponen cuatro visitas a
la ciudadela de Saladino (El-Qal´a), levantada al oeste
sobre una colina, el museo de Arte Islámico y la emblemática
mezquita de Al Azhar, con sus 300 columnas de mármol y cinco
alminares, así como al Museo Copto (El-Mathaf El Quibti),
sito tras cruzar los restos de dos torres de una antigua
fortaleza romana y en el que, entre valiosos tesoros
artísticos se puede rastrear el origen faraónico de cantidad
de símbolos usados tradicionalmente en la religión cristiana
y, por elevación, en la islámica, aún más reciente todavía.
¡Pardiez!, pasa por delante (13.25) camino de la plaza
Tahrir una manifestación salafí, presidida por una tétrica e
inmensa bandera negra. ¿Sigo de vacaciones….? ¡Adiós querida
cerveza! ¡Hasta luego, Lucas!
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