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OPINIÓN - DOMINGO, 7 DE ABRIL DE 2013

 

OPINIÓN / SNIPER

Desde El Cairo, la Madre del Mundo
 


José Luis Navazo
yebala07@yahoo.es

 

La novedad más primaria es que no llueve, como era de esperar. Lucen días soleados y una tibia temperatura, en verdad primaveral, envuelve el ambiente. Bajo el puente de los Leones, levantado por los ingleses en 1888 y también llamado de los Enamorados o de la Liberación, las aguas caudalosas del mítico Nilo fluyen mansamente para perderse en el Delta y fundirse con las del viejo Mare Nostrum. Más allá, en la isla de Gezira, la Torre del Cairo se alza con sus 187 metros (47 más que la pirámide de Keops cuya mole se divisa al suroeste en lontananza, entre la bruma) como un auténtico faro sólidamente asentado en su basamento de granito de Asuán, luciendo sobre la entrada el águila de Saladino, carismático emblema de la bandera egipcia guiando y acogiendo, bajo su figura, a la población cairota. El viejo Cairo, cuyos más antiguos cimientos aun anteriores a la legendaria Alejandría se remontan a la capital Protodinástica de Menfis, embrión del Egipto faraónico. Desde la Torre y tras vagar la vista sobre las aguas del Nilo, que atraen los ojos como un magnético imán, un giro de 360º nos lleva en cruzadas miradas a la densa y fértil historia del país: de las dinastías faraónicas a Roma, del helenismo judeocristiano al califato fatimí y la ciudadela del kurdo Saladino, del Egipto copto (encerrado en su recinto amurallado de Ksar El Shama, la “Babilonia de Egipto” fundada por Roma) al moderno barrio colonial franco-inglés, en franca y lacerante decadencia, junto a las amplias edificaciones de la universidad norteamericana antes de adentrarnos en la Independencia.

Les escribo casi al lado de la heroica plaza Tahrir (Liberación), degustando una excelente cerveza local (Stella) acompañada de una sabrosa tarta de queso y tomate en el Café Richi, entrañable establecimiento abierto desde 1908 y que ha sido testigo de las tres revueltas modernas que ha vivido el país: 1919 contra el colonialismo británico (lo que no impidió que en 1914 el país se convirtiera en Protectorado), la de los Oficiales Libres en 1952 (derrotando a la corrupta monarquía del rey Faruk) y, finalmente, la de la Plaza Tahrir en 2011 que, tras echar a tierra al “rais” Mubarak y ser confiscada por los Hermanos Musulmanes, se debate entre el ser y el no ser en un azaroso presente cargado de incertidumbre. Verdad es que estoy de vacaciones, descansando el cuerpo y sobre todo el espíritu alejado de abajaderos cotidianos, lo cual no obsta para que sea sensible a la vertiginosa rapidez de los acontecimientos, la aceleración de la historia que estamos viviendo mientras vamos adentrándonos en un nuevo paradigma. Ayer viernes y contra todo pronóstico, la plaza Tahrir se vio libre de multitudinarias manifestaciones pero ahora mismo (son las 12.37 hora local) me comentan que, al menos de cuatro importantes barriadas cairotas (Subra, Mohandesien, Inbaba y Saieda Zeibab) saldrán sendas manifestaciones que confluirán en el centro de la capital, tomando luego juntas en vehículos el camino de la ciudad de El Mahala (provincia de El Garbiaa), sita unos 130 kms. de El Cairo. Hoy sábado es 6 de abril y en El Mahala, en 2008, tuvo lugar en este día la primera gran huelga de los obreros de una fábrica estatal de tejido contra la política de Mubarak. El “Grupo 6 de Abril” organiza las marchas y conmemora el aniversario, cargando ahora contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes que, según “cuentan” los cafés de El Cairo (termómetro del país y corazón sociológico del mismo) no están aportando nada, salvo más incógnitas y un larvado enfrentamiento civil en nombre del fundamentalismo islamista. Morsi y su política es vez más cuestionada, incluso parece ser entre los suyos, mientras el país no acaba de salir del vicioso círculo de la crisis económica. Una de sus principales fuentes de riqueza, el turismo, yace herida por los sangrientos atentados del terrorismo yihadista, una lacra ante la que nunca hay que ceder. Primero porque los atentados no son exclusivos, en absoluto, de Egipto; y segundo porque el país es seguro. No es mi primera visita, ayer mismo en La Torre (un claro objetivo) fui testigo de las amables pero prácticas medidas de seguridad puestas en marcha por las autoridades, paseando luego por las calles de El Cairo hasta la madrugada sin ningún tipo de problema. O sea que ya saben, no cedan ante el terror y, si tienen oportunidad, no dejen de visitar este formidable y mágico país en un viaje que, créanme, no les dejará indiferentes haciéndoles vivir, si tienen la fina acústica espiritual para ello, un fructífero paseo iniciático desde su interior. Egipto marca siempre, se lo aseguro, un antes y un después. No serán los mismos, serán mejores.

Si Roma, la Ciudad Eterna, es sin duda la capital espiritual de Occidente, El Cairo, la “Madre del Mundo” en la más pura tradición egipcia, es la fuente de nuestras más antiguas creencias. ¡El Cairo!... una ciudad ordenada y a la vez deliciosamente caótica con sus 20 millones de habitantes (hablo del “Gran Cairo” y sus ciudades satélite), preñada de centenares de rincones por descubrir y que ha sabido ir reencarnándose conservando su esencia en diferentes manifestaciones a través del proceloso Túnel del Tiempo, con el Nilo, ¡siempre el Nilo!, fluyendo fiel a su vera. A la imperecedera huella del monumental Egipto faraónico se superponen, en una densa capa, la huella cristiana e islámica rematada por el reciente pasado colonial. Tras cuando menos una obligada visita al Museo Nacional, fundado en 1902 y que custodia en su atrio central, entre otros tesoros, unas estudiadas y valiosas referencias sobre Amenhotep IV, más conocido como Ajenatón, el “faraón hereje” y su capital de Tell El Amarna, se imponen cuatro visitas a la ciudadela de Saladino (El-Qal´a), levantada al oeste sobre una colina, el museo de Arte Islámico y la emblemática mezquita de Al Azhar, con sus 300 columnas de mármol y cinco alminares, así como al Museo Copto (El-Mathaf El Quibti), sito tras cruzar los restos de dos torres de una antigua fortaleza romana y en el que, entre valiosos tesoros artísticos se puede rastrear el origen faraónico de cantidad de símbolos usados tradicionalmente en la religión cristiana y, por elevación, en la islámica, aún más reciente todavía. ¡Pardiez!, pasa por delante (13.25) camino de la plaza Tahrir una manifestación salafí, presidida por una tétrica e inmensa bandera negra. ¿Sigo de vacaciones….? ¡Adiós querida cerveza! ¡Hasta luego, Lucas!
 

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